jueves, 17 de mayo de 2012

Setenta y siete días

Cuando pasas cerca me recorre esa ráfaga de viento que me pega a la pared, para aplacar mi deseo, para estampar mi pasión, y siento como la angustia se acopla en mi vientre tembloroso. Toda una agitación, que dura unos segundos tan largos como los de un seísmo cuando explota en las entrañas de la tierra. Así llevo setenta y siete días con sus noches. Setenta y siete días, a cada cual más hermosa. Setenta y siete noches, a cada cual más ojerosa. Y sin embargo no sabes nada, me hablas, me sonríes, me guiñas un ojo, me cuentas un chiste, ignorando mis sentimientos. Y yo mientras tanto me como las ganas, me muerdo la lujuria, viajo en la imaginación, mis deseos se hacen agua, mis sueños se convierten en cenizas
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Amor de mayo


-¿Huelo bien?
 Acercaste tu nariz a mi cuello.Al rozarme con la punta se erizó la sensible piel como consecuencia de las cosquillas.
-Hueles a flores.
-¿A flores, pero qué flores?
Aspiraste más profundamente el aroma que desprendía mi epidermis.
-Hueles a rosas.
- ¿A rosas? Pero, ¿qué clase de rosas?
Noté como tu pecho se hinchaba a medida que se llenaba de todo el aire que fueron capaz de introducir tus pulmones.
-Hueles a rosas rojas porque ardes de pasión, hueles a rosas amarillas porque cada vez que me ves te pones alegre, hueles a rosas rosas porque eres todo bondad, hueles a rosas blancas porque a veces te muestras inocente, hueles a rosas naranjas de amor consolidado, hueles a rosas azules porque eres libre y me relajas, hueles a rosas verdes de esperanza equilibradas, y a rosas lilas tan femeninas. Y yo, ¿a qué huelo yo?
Deslicé mi promiscua nariz desde tu cuello a la abertura de la camisa que me llevó a tu torso velludo y me impregné de tu olor masculino.
- Hueles a tulipanes.
- A tulipanes, pero ¿qué clase de tulipanes?
- A tulipanes blancos.
-¿Y por qué blancos?
- Porque eres  el amante perfecto.
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miércoles, 16 de mayo de 2012

Amor Ahorrado

Estaba comiendo magdalenas. Intercalaba mordiscos entre sorbos de café. Era un domingo de primavera infernal. La lluvia chocando contra los cristales resultaba ensordecedora. Intuí el timbre. Abrí la puerta .
-Buenos días, no quiero molestarla. Iba conduciendo y he pinchado. Tengo que cambiar la rueda pero con este tiempo me es imposible. Me he calado entero y como esta es la única casa que está cerca me preguntaba si no le importaría que entrara a refugiarme, estoy completamente helado.
Me quedé perpleja unos segundos. Después dejé que aquel desconocido entrara en la cocina . Le ofrecí una taza de café que agradeció sobremanera. Entablamos una conversación sincera en la que en ningún momento dejó de mirarme a los ojos. Le conseguí ropa seca y tendí la mojada al lado de la chimenea .
Mientras se quitaba la camisa contemplé su torso desnudo. El se giró al notar que le observaba. Después no sé muy bien lo que ocurrió. Se acercó hacia mí, me miró a los ojos y comprendiendo mi infinita soledad, me dijo:
-Lo que tú me des, no se lo voy a dar a nadie.
Mi boca sedienta alcanzó la suya y rompí la hucha de los besos.
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