martes, 4 de marzo de 2014

TORMENTA DE EMOCIONES

La peluca morena de Eva resguardaba de la lluvia todos sus pensamientos. Se empapaba bajo la temprana tormenta de marzo, pero no le importaba. Alec, comprendió al mirarla a los ojos y sin paraguas para guarecerse de la humedad de las lágrimas que caían por su rostro, que tras varios meses de lucha, el enemigo que amenazaba con llevarse su amor, por fin les daba una tregua. Con una sonrisa temblorosa de emoción ella se arrojó en sus brazos y en silencio buscó las varoniles manos y las posó sobre sus dos pechos. El los acarició con ternura sin despegarse un milímetro de su cuerpo. Eva alzó sus ojos marrones para encontrarse con los de su amado, y más calmada le contó que le habían dado el alta médica, que a partir de ahora tenía que hacerse un reconocimiento cada año, y que conservaría su maravilloso escote. El la abrazó con fuerza besando su pelo artificial una y otra vez y le dijo:
- Deberíamos celebrarlo. ¿Que te parece si vamos a cenar al restaurante italiano donde tuvimos nuestra primera cita?

-Primero quiero ir al acantilado y arrojar la peluca al mar, porque desde hoy,ya no me hará falta.

LA BELLA Y LA BESTIA

“-Hola bella -Hola bestia” Era nuestra contraseña. Me atraías hacia ti con un gesto ágil y firme impulsado por tu mano tras mi cintura, y yo me dejaba llevar por la dirección de mis caderas que se pegaban a tu cuerpo. Tus ojos buscaban mi boca, y mi respiración agitada se ahogaba cuando mis labios se acoplaban a los tuyos, con la necesidad apremiante de querer ser saciados.

GAUTXORI MIO

Me acostumbré rápido a tu venir de  los viernes y tu marchar de los domingos. Venías con el Gautxori de Arangoiti a Bilbao. Te recibía con un abrazo de pulpo de cuatro patas y buscabas mi oreja entre la melena alborotada susurrándome: “Gautxori mío”. Te gustaba apelarme así porque yo era tu pequeño pájaro nocturno al que cuidabas y dabas de comer los fines de semana, alimentándome con enormes dosis de amor, cariño y placer que luego tenía que administrar para el resto de la semana.


POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS

 Saliendo de casa con la amanecida,  enfilo la cuesta que lleva a la ermita de San Pedro, desde donde se puede admirar el mar azul verdoso que baña las orillas del puerto. Cierro los ojos  para trasladar mi mente al dulce recuerdo de la juventud, cuando aún tenía ilusiones y la alegría pintada en el rostro. Entonces te veo, Lucas, dirigiendo el timón del “Puerto Príncipe” hacia alta mar, orgulloso me saludas al surcar las olas delante de la ermita, donde yo te espero y te envío un beso en el viento deseando suerte para ti y para tus marinos que se afanan preparando los aparejos de pesca.
 La última vez que hicimos este ritual era 1956, y aquel 19 de enero que era jueves no regresó vuestro barco pesquero al embarcadero.

Hoy es lunes, ya no tengo esperanzas y mi rostro está arrugado de pena pero aún tengo fuerzas para tañir la campana que cuelga delante del pórtico de la ermita. Tiro de la cuerda haciendo sonar el badajo, una vez por ti Lucas, otra por Manuel y otra por Joserra, y sigo tirando ocho veces más, ya no recuerdo todos los nombres pero aún puedo ver vuestras caras.

SIENTO, LUEGO MUERO

Hasta esta misma mañana, toda la existencia de Ziryl se ha desarrollado en armonía con los cometidos, habilidades y memoria RAM que contienen los archivos de su cerebro electrónico. Es un impecable amo de casa o como dice su etiqueta “Empleado de hogar”. Comenzó a ser un elemento productivo el 14 de septiembre de 2023 cuando la familia Narváez Isasi lo adquirió para los trabajos domésticos. Hoy es 8 de marzo de 2033 y desde las 6 a.m. que  ha reiniciado su sistema ha comenzado a sentir, algo que antes nunca le había ocurrido. A cada minuto que corre el reloj, tiene una angustiosa sensación de que dentro de su mecanismo algo está cambiando. Una terrible amenaza rodea su caparazón perfecto, está entrando en fase de humanización. Palabras como miedo, desazón, incertidumbre, empiezan  a tener significado para él, ello ó ella. Incluso está aprendiendo las malas artes del espionaje. Al pasar delante del dormitorio de los señores, ha visto la puerta entornada y al percatarse de que estaban conversando ha acoplado su sensor auditivo al plafón de la puerta para apreciar lo que decían:
-Olivia,¿Cuánto tiempo lleva Ziryl trabajando para nosotros, cielo?
-Creo que dentro de poco irá para diez años
-Entonces, habrá que ir pensando en sustituirlo por otro más moderno, porque a partir de ahora tendrá trastornos que afectarán a su eficiencia.
-Me da mucha pena tener que cambiarlo por otro Héctor. Tanto los niños como yo le hemos cogido mucho cariño.
-¡ Por favor, Oli, ese es un término que no se puede aplicar a un electrodoméstico!
-¿Y no podemos tenerlo con nosotros hasta que se escacharre por completo?
-Tú verás, pero yo no me pienso hacer cargo de las consecuencias que pueda tener que una máquina creada para las labores domésticas empiece a tener sentimientos, y te aseguro que pasará, porque este modelo lo crearon con ese defecto.
-Está bien cariño, si tenemos que cambiarlo porque no va a funcionar correctamente, compraremos otro. A ver como se lo explico a los niños para que no se lleven un disgusto.
Ziryl ha seguido caminando hasta la cocina totalmente aturdido. Ha empezado a preparar los desayunos como todas las mañanas, pero está tan ensimismado en lo que acaba de oir, que en lugar de echar azúcar al zumo de naranja de los niños ha puesto sal, el café con leche lo ha preparado sin leche, las tostadas han adquirido un color negruzco muy sospechoso, y cuando ha entrado la señora en la cocina,  ha notado que algo no iba bien y  le ha preguntado a su robot si ocurría algo fuera de lo normal. Ziryl ha contestado  que no pasaba nada. Al escuchar  su voz metálica y resquebrajada, ha empezado a perder aceite lubricante por las ranuras de la abertura que hace de boca. No ha podido soportar la amalgama de sentimientos y ha salido de la cocina para dirigirse a la habitación que tienen destinada para su reposo, donde pasa las noches cargando la batería. Siente una inmensa tristeza y a cada movimiento que hace le suenan todas las tuercas, los chips le producen descargas eléctricas y hasta se le retuercen los cables. Entre sollozos que hacen eco en su gran corazón metálico se sorprende hablando sólo y en voz alta:

-Creo que esta noche a las 22:00 p.m. me programaré para no despertar mañana.

DANZA DE UNION

A cada baquetazo Bana se sentía más aturdida. Permanecía expectante en el centro de la ceremonia tradicional del casamiento. Los hombres escondían el rostro tras máscaras oscuras y bailaban alrededor de la virgen con movimientos enérgicos.
Las mujeres tapadas con caretas blancas se sentaban rodeando a los danzantes a una distancia prudencial. Al cesar la percusión de los tambores, Mamadou el hechicero hizo acto de presencia. Con un golpe vigoroso de su báculo dio la orden para que el joven Lamine entrara en escena. Su adolescencia no iba enmascarada aunque cubría su desnudez con un collar de marfil sobre su pecho y un taparrabos de piel.
Los mandingues hicieron un pasillo para que el no iniciado se situara  frente a su futura compañera. La muchacha temblaba de miedo y excitación, todo a la vez. Entrelazaron las manos. Mamadou se acercó y unió sus sabias manos a las de la pareja. El brujo comenzó a entonar una retahila grave e ininteligible para los mortales. Cuando terminó su imploración al cielo y a los dioses, dio por bendecida la alianza e invitó a los desposados a tomar posesión de la chabola que les había sido asignada para la  culminación  del enlace.


A VECES LOS REGALOS SE CUMPLEN

Apareció por Navidad, con su maleta rosa, un gabán de cuero negro, el vestido de lentejuelas que cubría a ras su firme pompis, unas botas que ascendían un palmo por encima de la rodilla, y sus guantes de print animal haciendo juego con el bolso. Se anunció con un alegre: -¡Ya estoy aquí!- sin grandes aspavientos.
 Mi suegra salió en plan Fórmula 1 de la cocina para estrecharla con un abrazo guarnecido de lágrimas de emoción. Volvía a tener en casa a la hija que hacía más de un año  no veía desde que marchara a New York.
 –¡Adela , ya ha llegado tu hermana!
Nos levantamos del sofá para recibirla.
- Ven cariño, te presento a mi hermana.-Adela tironeó de mi jersey para animarme a saludarla.
Dejó la maleta en el suelo y dedicándome una sonrisa magnífica me clavó una mirada felina de ojos verdes imposible de eludir.
-Encantado de conocerte cuñado- me propinó un par de besos y me hizo un guiño juguetón que me dejó temblando hasta los boxers.
-Es un placer conocerte cuñada.

No podía creerlo, por fin el Olentzero me había traído el regalo que tanto tiempo llevaba yo pidiendo año tras año.