martes, 3 de marzo de 2015

ALIENACION

Daniel permanecía en bambalinas proyectando películas de cine de barrio. Soportaba el calor sofocante que desprendían las máquinas. Empalmaba  rollos de celuloide. Colocaba  bobinas en  placas de aluminio y obligaba a los fotogramas a deslizarse entre  rodillos. Acoplaba el rostro al ventanuco para ver espectadores hipnotizados por la pantalla atravesando sus ojos una fina niebla de nicotina que pululaba en el ambiente. Soñaba con ver su rostro en el toldo blanco. Algunas escenas podía doblarlas de tantas veces que las había visto.
Un viernes de estreno llegó a sus manos una nueva película: “Alien, el octavo pasajero”. El trailer prometía sobresaltos varios. Se dispuso a verla antes de mostrarla al público vespertino.
Durante los primeros quince minutos la trama ya le tenía atrapado. A medida que los protagonistas de la nave espacial iban siendo aniquilados, el miedo invadía sus entrañas. Cuando ya sólo quedaba Sigourney Weaver en la pantalla, de repente la proyección se atascó, sintió un aliento nauseabundo en la nuca, una garra le arrancó de la silla y la luz del proyector le quemó en la retina cuando fue subyugado por la lente.
Desde entonces vive su sueño atrapado en el reflector haciendo labores de actor de reparto

SIMULACROS DE ENTELEQUIA

Se percibió ajena, como si no debiera estar allí, pero no tenía tiempo para pensar. Saltó de la litera al escrutar por el ojo de buey  que estaba sumergida a bordo de un barco. Al contactar los pies en el suelo, el agua helada la mordió dejándola sin respiración. Abrió la puerta y salió al corredor. Con gran histeria y elegancia los viajeros corrían hacia la cubierta principal. Se dejó arrastrar escaleras arriba a trompicones. La mayoría del pasaje se apiñaba hacia estribor. La tripulación repartía chalecos salvavidas. Podía oír una música de fondo emanada de un violín. Un muchacho le gritó: ¡Vayamos hacia la proa del barco, allí estaremos más seguros! Completamente aturdida y falta de conocimiento alguno sobre naútica,  se dejó llevar del brazo hacia la parte más alta del transatlántico. Sin mediar palabra, permanecieron  abrazados mientras el miedo respirado se congelaba en la oscuridad. Cerró los ojos apretándolos con fuerza y a continuación un estallido de aplausos la despertó.
De frente,  sus ojos podían contemplar varias filas de espectadores. Y un hombre a su lado le preguntó:
-¿Dónde ha estado usted?
Ella contestó con la ropa aún mojada:

-En el camarote 115 del Titanic

LA LUNA LOS ALUMBRO

Para celebrar el nuevo año que se precipitaba por instantes, Simón y Carola se reunieron en la alberca y enfocados con la luz de la luna llena, intercambiaron sus regalos.
Ella descubrió el suyo. Era un tarro de cristal que contenía pedazos desordenados de su niñez.
-Es un puzzle, para que recompongas tu infancia-le explicó él
Simón desanudó el suyo. Le sorprendió ver un diario ya escrito en fechas aún no llegadas.
-Es el futuro que te espera, para que vayas construyéndolo-le aclaró ella
Carola arrojó el tarro al suelo haciéndolo añicos; él hizo volar el diario hasta el lago asegurándose de que se ahogaba con todas sus hojas.

Después hicieron la promesa de fabricar juntos el presente.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Hola Ama

Hola Ama:
Sí, soy yo. Tu hija. Estoy aquí en medio del bosque, en aquella cascada que un día te mostré, la del Rio Asón, ¿te acuerdas? Tú nunca fuiste muy buena para recordar los nombres de los lugares. Hoy es domingo y como hace un día estupendo me apetecía caminar por un paraje esbelto. Se me ha ocurrido venir aquí, aunque creo que no ha sido buena idea. Me han venido a la memoria aquellos días de nuestras vidas que pudimos compartir en la montaña, en la naturaleza, en el único sitio donde dejábamos de discutir y donde el humor siempre era bueno. Es un alivio estar sola, porque he roto a llorar y esa es una de las actividades que hago mucho mejor en soledad. Lloro porque hubo un tiempo en que conseguimos ser felices, lloro porque ya no podré verte nunca más ni siquiera para echarte la bronca porque comes poco, lloro porque no recuerdo que fuera capaz de abrazarte y decirte lo mucho que te quería. De todas formas, aunque triste aquí estoy tranquila, lo peor es volver a casa, porque allí ni siquiera tengo paz, y la protección de la naturaleza resulta entonces inalcanzable.

YO , ARDILLA

Paso la mayor parte del tiempo correteando por los troncos de los robles y de las hayas. Me encanta pasar la mañana saltando de copa en copa, emborrachándome con los olores de los pinos. A veces descanso un momento sobre la rama de un abeto para escuchar el canto del petirrojo. Aunque no puedo despistarme y aguzo el oído por si se acerca algún animal no bienvenido. Cuando aprieta el hambre busco bellotas, nueces, cualquier alimento que pueda sacar de la vegetación o que esté caído en el suelo. Lo llevo firmemente entre mis manos de ardilla y ágilmente alcanzo uno de los agujeros que algún pájaro carpintero diseñó para dar cuenta del festín. Tengo unos dientes afilados y largos que pueden abrir cualquier cáscara que recubra los frutos. No se me resiste nada. Después vuelo de árbol en árbol buscando algún amigo para jugar. Y me encuentro felizmente con una comadreja. Ella alaba la forma de mi cola peluda y mullida que me guía en  el aire, y yo le cuento las últimas novedades de las alturas.

MI BOSQUE MAGICO

Hace un día maravilloso. Luce el sol en lo alto del cielo azul. La temperatura otoñal magnífica. Entre los árboles del bosque tomo refugio de las banalidades de la vida cotidiana y artificial. El verde intenso del musgo que cubre las rocas blancas y el silencio sólo roto por los pies que se dejan arrastrar por la hojarasca, me transmiten una paz que penetra por todos los poros de la piel. Me siento feliz, y libre de saber disfrutar de esta naturaleza extrema que abarco por los cuatro puntos cardinales. Los árboles pelones de sus hojas  protegen de los rayos de luz del mediodía y puedo apreciar colores que nunca podré capturar con un pincel y unas acuarelas. Rojo, marrón, verde, amarillo, anaranjado. Si no fuera por las marcas que algún buen samaritano pintó en las piedras no sería capaz de salir de este laberinto, pues el paisaje del bosque se confunde fácilmente y termina por parecer todo igual, pero no tengo miedo, los pies buscan el camino, si de repente se equivocan, se detienen, las pupilas otean el horizonte y de nuevo encuentran la pista, y de nuevo las piernas cogen el ritmo.

ROSAS Y RISAS, ESPINAS Y LAGRIMAS

Le encantaba tenerme entre flores, como si fuera la mejor planta de la huerta. Siempre regándome, como si estuviera todo el día en la UCI.
Al principio yo era un capullo que empezó a florecer bajo sus cuidados. Luché contra él y conmigo misma, tapándome con un paraguas agujereado que no servía ni para defenderse del sol.
En la continua batalla del día a día  yo me mojaba , me mojé tanto que me empapé, y con el peso de la lluvia en mi epidermis fui haciéndome más débil, más suave, más frágil, hasta convertirme en un espectro con ojeras que se atormentaba porque le habían creado la necesidad del amor y del cariño.
Su objetivo era conquistarme, y lo consiguió. Cuando cumplió su sueño, despertó y entendió que tenía que desarmarse y tirar la regadera para que yo pudiera seguir creciendo como persona y riendo sin limitaciones.