Cuando pasas cerca me recorre esa ráfaga de viento que me pega a la pared, para aplacar mi deseo, para estampar mi pasión, y siento como la angustia se acopla en mi vientre tembloroso. Toda una agitación, que dura unos segundos tan largos como los de un seísmo cuando explota en las entrañas de la tierra. Así llevo setenta y siete días con sus noches. Setenta y siete días, a cada cual más hermosa. Setenta y siete noches, a cada cual más ojerosa. Y sin embargo no sabes nada, me hablas, me sonríes, me guiñas un ojo, me cuentas un chiste, ignorando mis sentimientos. Y yo mientras tanto me como las ganas, me muerdo la lujuria, viajo en la imaginación, mis deseos se hacen agua, mis sueños se convierten en cenizas
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