martes, 3 de marzo de 2015

ALIENACION

Daniel permanecía en bambalinas proyectando películas de cine de barrio. Soportaba el calor sofocante que desprendían las máquinas. Empalmaba  rollos de celuloide. Colocaba  bobinas en  placas de aluminio y obligaba a los fotogramas a deslizarse entre  rodillos. Acoplaba el rostro al ventanuco para ver espectadores hipnotizados por la pantalla atravesando sus ojos una fina niebla de nicotina que pululaba en el ambiente. Soñaba con ver su rostro en el toldo blanco. Algunas escenas podía doblarlas de tantas veces que las había visto.
Un viernes de estreno llegó a sus manos una nueva película: “Alien, el octavo pasajero”. El trailer prometía sobresaltos varios. Se dispuso a verla antes de mostrarla al público vespertino.
Durante los primeros quince minutos la trama ya le tenía atrapado. A medida que los protagonistas de la nave espacial iban siendo aniquilados, el miedo invadía sus entrañas. Cuando ya sólo quedaba Sigourney Weaver en la pantalla, de repente la proyección se atascó, sintió un aliento nauseabundo en la nuca, una garra le arrancó de la silla y la luz del proyector le quemó en la retina cuando fue subyugado por la lente.
Desde entonces vive su sueño atrapado en el reflector haciendo labores de actor de reparto

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