martes, 3 de marzo de 2015

SIMULACROS DE ENTELEQUIA

Se percibió ajena, como si no debiera estar allí, pero no tenía tiempo para pensar. Saltó de la litera al escrutar por el ojo de buey  que estaba sumergida a bordo de un barco. Al contactar los pies en el suelo, el agua helada la mordió dejándola sin respiración. Abrió la puerta y salió al corredor. Con gran histeria y elegancia los viajeros corrían hacia la cubierta principal. Se dejó arrastrar escaleras arriba a trompicones. La mayoría del pasaje se apiñaba hacia estribor. La tripulación repartía chalecos salvavidas. Podía oír una música de fondo emanada de un violín. Un muchacho le gritó: ¡Vayamos hacia la proa del barco, allí estaremos más seguros! Completamente aturdida y falta de conocimiento alguno sobre naútica,  se dejó llevar del brazo hacia la parte más alta del transatlántico. Sin mediar palabra, permanecieron  abrazados mientras el miedo respirado se congelaba en la oscuridad. Cerró los ojos apretándolos con fuerza y a continuación un estallido de aplausos la despertó.
De frente,  sus ojos podían contemplar varias filas de espectadores. Y un hombre a su lado le preguntó:
-¿Dónde ha estado usted?
Ella contestó con la ropa aún mojada:

-En el camarote 115 del Titanic

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