La cabeza me da vueltas, miro a mi alrededor pero no veo nada. Entonces me percato de que estoy tumbada en la cama con los ojos cerrados, durmiendo. De repente me veo desde fuera, es como si mi espíritu hubiera abandonado mi cuerpo para contemplarme. Intento mover los brazos pero no me responden, las piernas tampoco me obedecen, pero noto el miedo, el aliento de alguien que ronda cerca, su respiración en mi cuello. Aunque pudiera abrir los ojos, no quiero hacerlo, los aprieto fuerte, como si así el pánico fuera a disminuir. Estoy sudando, el corazón me late desbocado, y empiezo a sollozar a pesar de que no articulo sonido alguno. Siento unas manos que me zarandean por encima del edredón. Tengo que despertar, ¡Claro!, estoy soñando, tengo que despertar, pero no puedo abrir los ojos. En algún momento los abro. Resulta ser una falsa alarma, porque los he abierto en mi propio sueño. Ya no tengo miedo de la presencia que me aterrorizaba. Sin embargo surge en mí un nuevo terror peor que el anterior, tengo miedo de no poder despertar nunca, me he quedado atrapada en un bucle de mi fase rem: ¿Qué haré ahora toda la eternidad dando vueltas en la oscuridad sin llegar a ninguna parte? Esto es mucho peor que morirse, porque morir significa que todo termina, pero permanecer dormida así de esta manera, queriendo volver a la vida sin poderlo hacer, es tan angustioso. ¡Quiero despertar!, ¡quiero despertar!, creo que me moriré de un ataque de pánico. De repente hago un esfuerzo tremendo para abrir los ojos y lo consigo, estoy en mi cama, en mi habitación. Me llevo la mano a la nuca, tengo el pelo empapado, y el pulso completamente acelerado.
http://lacestadelaspalabras.blogspot.com/
No hay comentarios:
Publicar un comentario