miércoles, 13 de junio de 2012
Mi vida cambió como el viento
Soplé con todas mis fuerzas para que las cenizas
que habían caído sobre mis pantalones se fueran todas juntas con el resto,
porque pensaba que si se esparcían, sería como si cada parte de tu cuerpo
estuviese en un lugar diferente sin posibilidad de unirse. Mi vida cambió como
el viento, de norte a sur, de este a oeste. Fue una virada brusca, intensa,
inesperada, que me dolió muy profundo en el alma como si se clavaran millones
de agujas en el corazón. Con el paso de los días parece que se van
desprendiendo una a una las agujas, y con cada paso que doy hacia adelante, la
pena se suaviza pero el recuerdo se aviva. Cuando me invade la melancolía, subo
a la cima de la montaña para sentirme más cerca de ti. Y rezo para que el
viento no sea muy fuerte y así no te alejes de mi. Me tumbo sobre la hierba de
la loma con la intención de buscar una simbiosis terrenal y espiritual, cierro
los ojos y permanezco allí un buen rato. Después desciendo relajada y en calma,
regando la senda del camino con un llanto silencioso que no puedo controlar
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