“-Hola bella -Hola bestia” Era nuestra
contraseña. Me atraías hacia ti con un gesto ágil y firme impulsado por tu mano
tras mi cintura, y yo me dejaba llevar por la dirección de mis caderas que se pegaban
a tu cuerpo. Tus ojos buscaban mi boca, y mi respiración agitada se ahogaba
cuando mis labios se acoplaban a los tuyos, con la necesidad apremiante de
querer ser saciados.
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